Nunca olvidaré el capítulo en el que Charlotte York -futura de Goldenblat- recibe el ejemplar de New York Times en su apartamento y descubre que por un error de impresión, sale con bigote en la foto del anuncio de su compromiso. Desde el mismo día que lo vi, tengo que confesar, que soy una fiel seguidora de la sección de compromisos de diario. Sí, todo el mundo tenemos alguna rara afición que esconder y que nos avergüenza, la mía es ésta.
Son todos tan felices, tan guapos, tan ricos y tan perfectos, que mi parte conservadora y recatada admirará siempre. En la web, encontramos una hemeroteca desde 1981 y lo más sorprendente de todo es que los anuncios siguen siendo completamente iguales hasta la fecha: la novia tomará el apellido de su futuro marido, la ceremonia será católica y oficiada en la capilla de Wellesey College, el padre de la novia es el director de la Galeria Nacional de Arte, ... y así van uno detrás de otro. No importa la raza, religión o estudios de la pareja, todos están regidos por el mismo patrón.
Lo que sí importa es el pedigrí de cada contrayente. Siempre son hijos, sobrinos o nietos de; suelen ser graduados en Harvard o Stanford y casi todos ellos tienen un maravilloso trabajo en la gran manzana o una prometedora carrera en Silicon Valley.
De vez en cuando, también hay reportajes de bodas, no solo anuncios de compromisos. Como el de Ana Meier y Daniel Creighton. Qué ideal todo.
Recordemos que en Estados Unidos no tienen familia real. Aquí tenemos a nuestros borbones, duques, marqueses y condes varios que se encargan de llenar las páginas en blanco y negro del ¡Hola! con éste tipo de noticia, pero ellos no lo tienen, así que han hecho bien en crearse sus propias familias reales. Así que, ¿qué tengo que hacer yo para ligarme a un príncipe yankee?
*Fotos de The New York Times.




