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miércoles, 30 de junio de 2010

La reconquista

Érase una vez una infanta, la mayor de sus hermanos, pegada a una trenza, una pinza y una mochila. Creció como infanta -me repito con lo de infanta porque no es lo mismo que ser princesa-, siguiendo los pasos de las hermanas de su padre y a punto de caer en el tópico de borbona simpática y campechana. Lo que se traduce como poco agraciada y nulo estilo. Los medios, que en lo que a casa real se refiere siempre edulcoran sus adjetivos y opiniones.

En lo que podrían haber llegado a convertirse las infantas.


La trenza y la pinza en cuestión.

Y de repente llegó él. Encontró a su príncipe caduco en París. Se casó con un vestido de Petro Valverde mal medido y mal patronado, porque uno de los hombros le dió más trabajo de lo esperado. Tranquila amor mío, pensaba Marichalar, verás cuando te presente a unos cuantos amigos que voy a hacer yo gracias a mi nuevo estatus, como te voy a dejar niquelada. Y así fue. Muy poco a poco y casi sin darnos cuenta, la Infanta lucía su colección de Chaneles 2.55, pamelas, Capriles y Lacroixes varios que nos dejaban sin palabras.



Pero llegó el cese temporal de la convivencia y con él, los pantalones con estampados incomprensibles y las americanas de principios de los 90 que ni con la excusa de que son vintage se salvan.

Así que cuando la vi en la real boda sueca no pude menos que casi saltar de alegría. Había vuelto. Sin Marichalar. Dándonos en las narices a muchos que ya no confíabamos en ella. Mi nariz sigue herida del batacazo, pero con gusto. Bienvenida Elena, te echábamos de menos.

lunes, 26 de abril de 2010

Luces y más luces

Viendo éste reportaje de Sebastian Kim para la revista Muse me han dado ganas de subirme -¿o bajarme?- al ruedo para ponerme alguna de éstas propuestas de inspiración taurina.

Debido a mi ancha cintura y regordetas piernas -así es como las llama cariñosamente mi abuela- me sería difícil ponerme los pantalones estrechos de talle alto y salir airosa. Pero es que las chaquetas y chalecos me parecen preciosos y que pueden combinar con todo: vestidos, faldas, pantalones de vestir o incluso con vaqueros. No he podido ver a qué diseñador pertenecen cada una de las piezas, aunque sé que entre ellas se encuentran muchas de Louis Vuitton y Dolce & Gabanna.

Mi afición por los toros es completamente inexistente y se limita a seguir -vía revistas y programas del corazón- los escarceos amorosos de las sagas toreras: Riveras Ordóñez, Espartacos y Cordobeses varios. Tampoco me considero anti-taurina radical, pero las costumbres de la fiesta nacional no me atraen mucho, por no decir nada. Aunque ese mundo me llama bastante la atención, sobre todo con el fenómeno José Tomás, al descubrir que aglutina un regimiento de fieles que lo siguen allá por dónde va.

Pero me llama aún más la atención ver que genios como Armani, Lacroix, Gaultier y Galliano caen rendidos a los pies de los trajes de luces -qué bonito nombre para llamar a un atuendo, por cierto-. Armani se enamoró de Cayetano y su sobrina Roberta también -se veía a la legua que algo había entre ellos-, por lo que lo ficharon como imagen de la marca y hasta le hicieron un traje de faena. Como no entiendo mucho del tema, voy a abstenerme de criticarlo, porque no sé si sigue las tradiciones de los trajes de luces, pero a mi me gusta, mucho además.


Lo de Christian Lacroix ya viene de lejos. Su estilo barroco hace que el traje de la fiesta nacional sea una inspiración eterna para él. La Infanta Elena fue uno de sus estandartes en nuestro país luciendo muchos de sus modelos, pero en cuanto cesó temporalmente la convivencia con Marichalar, su elegancia se evaporó radicalmente y ha vuelto al estilo carca anterior. Una pena Elena, con lo que tu has sido.


John Galliano también ha tenido sus intentos y en la colección de alta costura de otoño de 2007 sacó algunos modelos de inpiración torera. Siempre ha hecho gala de sus raíces gibraltareñas, utilizándolas como españolas cuando le viene en gana, y es que en el extranjero queda muy exótico decir que tienes raíces cañís, la verdad. Además, finalizó el desfile vestido de torero, pero con su melenón al viento y un paseillo con pose final en la pasarela que haría temblar a cualquier purista. Eso sí, yo me quedo con Galliano antes que cualquier torero.



Jean Paul Gaultier es otro enamorado de la cultura española y de vez en cuando aprovecha para hacerle algún guiño.

martes, 19 de enero de 2010

Globos de Oro

No voy a hacer un repaso general por las más destacadas de la alfombra roja, porque no acabaría nunca y porque estoy teniendo un comienzo de semana muy pesado, así que voy al grano con las mejores de la alfombra roja.

La mejor por arriesgar siempre, la mejor por lucirlo como nadie, la mejor por apostar por Christian Lacroix cuando la firma no está atravesando su mejor momento y la mejor por tener un novio que te aguanta el paraguas con tanto estilo y que nos enamoró a muchas en Dawson's Creek hace ya a unos años:

Diane Kruger.


El resto, las que más me gustaron y por éste orden.

Drew Barrimore de Versace.

Maggie Gillenhall de Roland Mouret.



Chloe Sevigny de Valentino.


Emily Blunt
de Dolce & Gabanna.


Nicole Kidman de Nina Ricci. -Los lazos tienen gran parte de culpa en que el vestido me encante, lo admito-.

Jennifer Morrison de Luis Antonio. Creo que el peinado le hace poco bien y el vestido tampoco es nada del otro mundo a simple vista, pero enfundarse un vestido repleto de volantes hasta el escote, de color claro y salir airosa, no tiene que ser nada fácil.



Sé que a mucha gente no le gustó el modelo de Christina Aguilera. Normalmente -siempre, vamos- coincido poco con sus atuendos, pero ésta vez la chica estaba acertadísima con éste modelo de Versace.

P.D. Penélope iba guapa sí, pero poco que resaltar. No la he visto destacada en ningún ranking de moda más que en los nacionales, claro. Eso si, incluyo una foto suya, no vaya a ser que muchos se me tiren a la yugular. Pero querida Pé, destierra ya el negro aburrido que siempre será un clásico y vuelve a tu mejor versión cuando nos dejabas boquiabiertos con tus apuestas.

P.D. II. Qué atentos todos los sufridos acompañantes masculinos de los paraguas, pero yo me quedo con uno que vino solo y sin paraguas. Bonito Chace y bonito tuxedo de D&G.